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jueves, 12 de junio de 2014

El Caniggia brasuca

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Ayer por la tarde, en el trayecto desde el aeropuerto de Guarulhos hacia el hotel, en el barrio Bras, nos topamos con un escudo blanco y negro pintado en una pared que nos sonaba familiar. Parecía el del Santos, pero no era. Parecía el del Ponte Preta, pero tampoco. Averiguamos un poco más y descubrimos que se trataba del escudo del Bragantino, un club de Bragança Paulista, en el estado de San Pablo, que guarda una particular historia. Acá te la contamos.



Está comprobadísimo que los brasileños (y los portugueses) tienen el mejor sistema del mundo para identificar a las personas. Los padres eligen 150 mil nombres para sus hijos y después ellos se quedan con el que más les gusta, que muchas veces es otro que ni siquiera figura en la partida de nacimiento. Como un apodo que llevarán durante toda la vida.

Es así como Arthur Antunes Coimbra es Zico, Carlos Caetano Bledorn Verri es Dunga, Edson Arantes do Nascimento es Bufarrinho Pelé y Alberto Vieira de Carvalho es...Caniggia. ¡¿Cómo?! ¡¿Caniggia?! Sí, si, un brasuca llamado Caniggia.

Nacido en Monte Grande de Minas el 17 de noviembre de 1975, Alberto tenía un sueño: que lo conocieran como Beto. De hecho, durante su infancia lo llamaron así, pero a mediados de 1990, cuando tenía 14 años y apenas era un purrete de pelo largo que se divertía jugando a la pelota, sucedió algo trágico que marcaría su historia. La eliminación de Brasil a manos de Argentina en el Mundial de Italia.


La gambeta heroica del Diego, el pase entre tantas medias azules y la definición del Cani, sobre todo la definción del Cani, terminaron sentenciando la suerte de muchos brasileños. No solamente de aquellos que tuvieron que volverse a casa antes de tiempo. También esa sonrisa del Pájaro quebró algo en los hogares de Brasil donde la gente esperaba un  título mundial después de 20 años. Y también, cómo no, ese gol cambió la vida de Alberto Vieira de Carvalho, ese pibe flaquito de pelo largo al que ya nadie llamaría Beto. A partir de ese día y muy a su pesar, pasaría a ser simplemente Caniggia.

Al principio, el mote no le disgustaba. Le daba chapa en el barrio y también en las inferiores de Bragantino, club con el que subió al plantel de Primera en 1994. Hasta los medios le dieron bola por la curiosidad. Ahí fue que se cortó las chapas y empezó a dejar en claro que no tenía nada que ver con el argentino: de hecho era volante, no delantero.

Unos años más tarde pasó por el Flamengo, pero su carrera estuvo repleta de equipos chicos como Sao José, Uniao Barbarense, Portuguesa, Santo André y Taubaté. Mientras su nivel de juego caía, su antipatía hacía el apodo que le habían puesto seguía subiendo. Ya resignado, se retiró del fútbol.

La verdadera víctima de aquel gol de Caniggia, se llamó Caniggia.

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5 comentarios:

  1. Estaba convencido que eso no era una camiseta, sino un buzo de arquero

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  2. Yo conocía al Bragantino por un PES trucho que compre para jugar con los pibes un sábado a las 23, tenia los equipos de la segunda de Brasil

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  3. GAMBOA HACETE ORTEAR!!

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  4. Y Brasileiro Sampaio Souza Vieira de Oliverira fue Sócrates... jajajaja seguro a este "hijo del viento" se lo comían a patadas luego de ese golecito a Taffarel...

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  5. que mala leche que uno tiene de pibe para poner apodos. es como que a un pibe rubiecito argentino le pusieran de apodo Schweinsteiger (?).
    fuera de joda, creo que tenia que dejarse el pelo largo, parece que hubo el famoso efecto Sanson... y bue, termino baldoseando, como era previsible...

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