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jueves, 12 de junio de 2014

Día 2 - A rua é nóiz

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 La tierra prometida
 
Llegar al Fan Fest de São Paulo, ubicado en el impronunciable Vale do Anhangabaú y con capacidad para 30 mil personas, parecía tarea sencilla. Había que caminar un puñado de cuadras desde nuestro hotel, en el pintoresco barrio de Brás -una especie de Once paulista, con un millón de locales de ropa y ni un puto kiosco- y luego tomar el subte rojo en dirección Palmeiras-Barra Funda. Sí, apto para boludos.

Tras el encuentro con Jeremías (@Jerebeam) y Sebastián (@sebarodeiro), de Cancha Llena, y de acordar punto de reunión con el Cabeza #ElPollerudodePeñarol, que para en otro hotel, a eso de las 10:30 rumbeamos para ahí.

Después de un par de cuadras, y sin ninguna estación de subte a la vista, no quedó otra que apelar a nuestro portugués con sotaque portenho portuñol y encarar a la siempre amable policía paulista en busca de alguna respuesta. Y recibimos siempre la misma: vos seguí chupando seguí derecho y doblá en tal o cual lado. Y así pateamos buena parte de los 36 quarteirões que nos separaban de nuestro destino.

Habremos caminado, fácil, unas 20 cuadras, en las que, de a poco, comenzamos a entrar en la sintonía mundialista: montones de camisetas verdeamarelhas y toneladas de cerveza (porque los brasileños escabian todo el día, ya sea en la playa o en la gran ciudad, da lo mismo).

Cuando por fin llegamos a una estación de subte, y después de que por lo menos 10 ratis nos juraran que esa era la puta línea roja que nos llevaría al Fan Fest, la primera sorpresa: nos topamos con brasileños y croatas que convivían pacíficamente en el andén. Igualito que en el conurbano bonaerense. La segunda sorpresa, esa línea, que a simple vista parecía la roja, era la coral (!), que en cuestión de minutos nos dejaba en… el Itaquerão, también conocido como el Arena Corinthians, el lugar donde en un par de horas Brasil y Croacia iban a abrir el Mundial.

Mientras el sol nos taladraba el cerebro (más de 25° al mediodía) y uno de nosotros (vamos a preservar identidades) puteaba por haber ido en jean, decidimos meterle derecho a la Avenida Cásper Líbero, que nos depositaba a metros de la tierra prometida. A medida que nos acercábamos, dos cosas nos confirmaban que íbamos por el camino correcto: la música (bien turista friendly, con Black Eyes Peas, Don Omar, el Gangnam Style y mucha electrónica al palo) y la venta a mansalva de cerveza, donde podías conseguir una Skol de litro a unos módicos 4 reales (20 pesos argentinos, tomando de referencia el real blue).

Ya en Anhangabaú, a cinco horas del partido, brasucas y croatas le daban duro y parejo al escabio. De a poco, los colores se fueron multiplicando. Y aparecieron los colombianos (nos recordaron el 0-5 en el Monumental apenas se enteraron de nuestra nacionalidad), mexicanos, chilen*s, escoceses fanáticos de Messi, etc. Pero faltaban los nuestros. Y así de la nada cayeron dos hinchas ¡de Ferro!

El que no aparecía ni en figuritas era el Cabeza, que se había cansado de esperarnos (no teníamos forma de comunicarnos) y se fue al Fan Fest.

Después de una pasada rápida por el Centro abierto de Medios de Sao Paulo, donde básicamente nos registramos para laburar robar wi-fi gratis, ubicamos al uruguayo y entramos al Fan Fest. Ahí nos dimos cuenta de lo que es un Mundial. Si bien no estaba al tope de su capacidad, ese lugar era una justamente una fiesta. Nos encontramos con croatas, australianos, chilen*s, colombianos, uruguayos, costarricenses, ingleses, japonés, franceses, hondureños, ecuatorianos, alemanes, nigerianos, estadounidenses, argelinos, rusos e incluso otros que lo verán por tele, como unos venezolanos que hinchaban por Inglaterra y Holanda. La hermandad latinoamericana, bien gracias.


Metele tranca que no te ve nadie, mostri.

Entre birra y birra (a 5 reales –unos $25 argentinos- el vasito miserable de 354cm3 de Brahma), grabamos un montón de videos que, en una de esas, verán la luz antes de Rusia 2018.

Ya casi con el partido encima los brasileños dejaron bien en claro que son locales y Michel Teló empezó a sonar por los parlantes a un volumen demencial. Luego siguió un bloque un poco más pop-rockero, con Skank y Mamonas Assassinas a la cabeza, y otro segmento sertanejo. Ya era todo verdeamarelho.

Assim voce me mata. Pero de embole.

Pasaditas las tres, entró en escena Luan Santana, una de las joyitas del pop sertanejo actual al lado del mencionado Teló y Gusttavo Lima. Insoportable. No quedó otra que refugiarse en las actividades extras que ofrecía el parque: tomar más cerveza y participar de algunos juegos de stands de empresas patrocinadoras del Mundial. Así, por ejemplo, uno de nosotros se ganó el CD oficial del torneo por haber metido un penal en un arquito de unos 30 centímetros. Otro de nosotros, tampoco vamos a decir quién, reventó el travesaño.

Un rato después de los himnos, pasó lo que jamás nos imaginamos que iba a ocurrir. Miles de brasileños, seguramente confiados porque uno de los suyos mandó la pelota al fondo de la red, gritaron el gol de… Croacia. Esa escena fue impagable.

En el entretiempo, ya con el 1 a 1, volvimos al Centro de Prensa, donde el encargado de seguridad nos recordó la apuesta que nos había hecho al mediodía: 100 dólares a que nos ganan en la final. Y estamos de acuerdo con él. No hay forma de que otro equipo salga campeón acá. Esperamos ansiosos esos 100 verdes para pagar las deudas que estamos dejando.

Finalizado el encuentro, desde la ventana vimos el entretenido (?) show de un tal Thiaguinho. A la vuelta, paramos para comer algo en una especie de lanchonete bien tumba, donde unos brasileños bajaban botellas de Skol como si fuese agua mineral, mientras intercambiaban camisetas con croatas que caminaban la siempre respetable noche paulista como si estuviesen en un barrio privado. Pobre de ellos.

El regreso en taxi (ni ganas de caminar 20 cuadras pasaditas las 9 de la noche en un lugar donde nos odian) nos regaló una amena charla con un tachero que pensamos que nos iba a entregar en una favela, pero paró para… acomodarse la lente de contacto.

En el medio de todo este quilombo, Brasil derrotó 3 a 1 a Croacia en el arranque del Mundial con actuaciones espectaculares de Neymar y el árbitro japonés Nishimura, que cobró un penal que no fue y se quedó con las ganas de meter el cuarto.

Tranquila, Dilma, la casa está en orden.

 
Brasil 0 - Croacia 13. Solo en los jueguitos.
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11 comentarios:

  1. Eterno crack Nicolás. Me reí demasiado.

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  2. Gracias por la magia..

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  3. Fenomenal, pero no entendi bien lo de Mamonas Assassinas, porque se murieron hace una banda, como mierda hicieron para tocar?

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  4. Seguro que Nato tenia la de Croacia puesta (?)

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  5. Para cuando la entrada a la favela?

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  6. pero los croatas cómo no iban a caminar como tranquilos y sin miedo si ya los habían choreado, con tocada de culo incluída, por un japonés cara de nada en pleno San Pablo

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  7. Aplausos. Eso es periodísmo deportivo. Qué carajo me importa si "agachate y conocelo" hizo un gol en contra. Ahora me queda la incognita de saber si el que apretaba esas cachas féminas hizo uso o se ajustició en el wc... Excelente crónica,che.

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  8. Gracias x la magia putitos!!!

    Lau!

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  9. Y? La pusieron ya o no?

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  10. Grossa crónica. Para mí fue penal loco, qué pasa? Buenas minas en la Fan, la han colocado?

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  11. GAMBOA HACETE ORTEAR

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