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viernes, 17 de enero de 2014

El curioso caso de Benjamin Massing

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Jugó apenas 2 partidos en Italia '90, pero se encargó de dejar su huella en la historia de la Copa del Mundo. Patadas, penales, amonestaciones, expulsiones...y un botín volando hacia la eternidad. Con ustedes, Benjamin Massing, el camerunés que no paraba de retroceder. 

Nacido en Edéa, Camerún, allá por 1962, el viejo Massing comenzó su carrera de adelante hacia atrás. Primero, jugó en la liga local, donde se destacó por su aplomo y sabiduría para ser un caudillo del fondo. Causaba impresión que a temprana edad demostrara tanta experiencia y voz de mando para actuar como marcador central. Parecía un veterano, de hecho casi ni corría. 

 Luego, un tanto más rejuvenecido, pasó al fútbol francés, más precisamente al US Créteil-Lusitanos (1987 a 1991), un equipo del ascenso apodado Les Béliers (Los Carneros). Y para estar a tono, Massing trataba de jugar siempre, incluso cuando sus compañeros estaban en huelga. Es que, por aquel entonces, el defensor camerunés ya cometía pecados de juventud. 

Con su Selección, además, Benjamin disputó las eliminatorias africanas en 1989 y llegó al Mundial de Italia sabiendo que no tenía el puesto asegurado. No es que le hubiesen faltado partidos sobre el lomo, pero el entrenador aún lo veía verde. 

Su debut en la Copa del Mundo se produjo ni más ni menos que en el partido inaugural ante Argentina, en Milan. Ese día, había que frenar de cualquier manera a Diego Maradona y los suyos. Por eso el entrenador Valeri Nepomnyashchi trató de armar una defensa férrea y escalonada, de manera de ir turnando a sus asesinos seriales. 

 

Massing, nervioso como un pibe, salió a la caza del rival desde el inicio y eso le terminó saliendo caro. A los 9 minutos derribó al Diego sobre la mitad de cancha y vio la tarjeta amarilla. No fue la primera ni la última dura infracción de ese partido, claro está. Camerún siguió pegando y pegando, sin modificar su plan para nada. Se fueron al descanso con un valioso 0 a 0, pero en el segundo tiempo se encontraron con Claudio Caniggia, el único tipo que podía sacar ventajas con su velocidad. 

Fue ahí que se vieron en problemas. A los 16 minutos del complemento, Andre Kana-Biyik bajó desde atrás al Pájaro y el árbitro le mostró la tarjeta roja. Con uno menos, muchos creyeron en ese momento que a los africanos se les venía la noche, pero fue todo lo contrario. El número 2 de Camerún se retiró con los brazos en alto y arrojando besos hacia el público, que por supuesto apoyaba al seleccionado más débil. Y eso agrandó más a Los Leones Indomables

Cinco minutos más tarde llegó el inesperado gol de Pumpido en contra Francois Omam-Biyik y entonces todo se hizo cuesta arriba para el equipo de Bilardo. 

Los perros de presa de la defensa camerunesa tomaron de punto al Cani. Y el Pajaro, sin saber lo que le esperaba, intentó volar. 

A falta de 2 minutos para los 90 reglamentarios, Caniggia tomó la pelota cerca del área argentina y arrancó su carrera loca hacia el arco contrario. En apenas 3 segundos llegó a la mitad de cancha, tras esquivar a Emmanuel Kunde. Unos 10 metros más adelante se encontró con el violento Victor Ndip, pero el Hijo del Viento también pudo dejarlo atrás, con un pequeño salto que le hizo perder algo de estabilidad. 

Sin poder afirmarse del todo pero aún en camino a lo que podía ser una buena chance para Argentina, Caniggia siguió corriendo...hasta que un tren lo pasó por encima. Quien lo había cruzado no era ni más ni menos que Benjamin Massing, el número 4, que incluso perdió su botín derecho al impactar con la humanidad del delantero de Henderson. 

Mientras Cani se retorcía de dolor en el piso, algunos compañeros llegaron al lugar de los hechos (?)...¿para asistirlo? No, obvio, para tratar de hacerle desaparecer el calzado al defensor. Primero se lo pisoteó el Checho Batista y luego irrumpió Jorge Burruchaga, que a espaldas del juez se animó a empujar a Massing. ¿Qué hizo el camerunés? Reaccionó como un pendejo, tirando una patada en medias, como los nenes que juegan en el pelotero (?). 

A todo esto, el árbitro francés Michel Vautrot le sacó la roja y después otra amarilla. Como para que no quedaran dudas. 

Puesto en penitencia por la FIFA, Benjamin se perdió gran parte del trayecto de Camerún en ese Mundial, pero luego fue alzado por su entrenador, quien lo sacó del corralito y lo mandó a gatear nada más y nada menos que el encuentro de cuartos de final ante Inglaterra. 

¿Y qué hizo el bebé Massing? Cagadas, como no podía ser de otra manera. Ese día estuvo al borde de una nueva expulsión (apenas recibió una amonestación), pero dos de sus infracciones a Gary Lineker terminaron en sendos penales que el mismo goleador se encargó de convertir. Fue 3 a 2 para los británicos y la vuelta a casa para los cameruneses. 

Y aunque usted no lo crea, la leyenda cuenta que Benjamin aquel día lloró como un recién nacido.
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2 comentarios:

  1. sensini la puta que te pario, saltá a cabecear

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  2. Pumpido ponete las manos.. acaso es requisito de la albiceleste que el arquero no tenga manos?

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