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jueves, 13 de diciembre de 2012

El año que viví sin cable

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Ahorrar, sí. ¿Pero cómo? Esa era la pregunta que me persiguió durante las semanas previas al lanzamiento de Un Mundial Para En Una Baldosa, allá por septiembre de 2011. Y la respuesta la encontré en el cable.

Si algo tenía claro era que, además del aporte de los seguidores, personalmente iba a tener que juntar dinero para viajar a Brasil. Y viviendo con lo justo, sinceramente, separar un billete todos los meses no es fácil. Por eso un día decidí desprenderme de algo que, si bien a veces me entretenía, no era vital para lo cotidiano: el servicio de televisión por cable.

Por aquel entonces, el abono mensual de Cablevisi*n era de 160 pesos y prometía seguir aumentando. Demasiado para el uso que yo le venía dando al televisor. Apenas estaba viendo fútbol argentino y eso me lo aseguraba la televisión pública. ¿Para qué seguir pagando algo que no era necesario? Por eso un día llamé a la empresa y pedí la baja.

El primer inconveniente que uno se encuentra para cancelar un servicio es la propia prestadora. Cuando había pedido el alta, 7 años antes, me la habían otorgado en cuestión de minutos. Es más, al otro día ya tenía al técnico en mi casa conectando todo. Peeero, entrar al sistema es una cosa. Salir del sistema, es otra.

Antes que nada, por cuestiones administrativas, tuve que esperar a la primera quincena de octubre para que tomaran el pedido. Después, tuve que abonar la factura del mes en curso para darle "legalidad" a lo que estaba haciendo. Y por último, una vez que dejé asentado que quería irme, tuve que enfrentar al sector BAJAS, algo así como un departamento del convencimiento, conformado por un grupo de personas que pueden llegar a utilizar hasta el recurso más inesperado para que uno siga siendo cliente. Incluso te tratan bien, hasta eso son capaces de hacer.

Primero hablé con una empleada. Me preguntó por qué me iba. Pensé en explicarle lo del Mundial, pero se iba a tornar muy largo. Le dije que ya no me interesaba tener cable. Me preguntó por qué no me interesaba. Argumenté que el servicio era muy caro. Instantáneamente invirtió los roles y me preguntó cuánto deseaba pagar. Ahora yo era el que ponía el precio.

Le dije algo irrisorio, 20 pesos, o algo así. Me dijo que era imposible, pero que me podía ofrecer un paquete que incluía TV por cable, Internet, películas en HD y no sé cuantas cosas más, a un precio promocional. La oferta, la verdad, no estaba mal. Y entonces en ese momento caí en que yo había llamado para no pagar nada y me estaban tratando de convencer para que pagara mucho más de lo que ya me resultaba caro. Mi última respuesta fue NO, GRACIAS. Pero fue mi última respuesta sólo por ese día.












Durante esa semana me volvió a llamar otro empleado, al que le volví a contar lo mismo. Me explicó que la baja ya había sido tomada y que tenía que completar el trámite via web para finiquitarlo. El formulario en internet era demasiado extenso. Se supone que cuando uno se quiere ir de algún lado, como cuando quiere cortar con una novia, es porque está cansado de todo. No es momento de dar más explicaciones. Pero las empresas, igual que las ex novias, quieren saber más: ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?

Todos los caminos del formulario llevaban a seguir utilizando el servicio, pero le di NO a todo y por último dejé en claro que me mudaba a otro país. La respuesta, que me obligó a hacer una captura de pantalla, fue: UNA MUDANZA NO ES MOTIVO PARA DEJARNOS. Muy pesados.

Una vez terminado el Calvari calvario de darse de baja, empezó el otro: el de acostumbrarse a vivir sin cable. Porque si bien yo prácticamente no le daba uso al televisor, de a poco me fui dando cuenta que algunos programas ocupaban pequeños momentos de mi vida. Por ejemplo, me era vital enterarme de lo que había pasado deportivamente en el día viendo, aunque sea, 15 minutos de ESPN Report. Disfrutaba mucho de ver una pelea en TyC Sports los sábados por la noche. En fin, eso ya no lo tenía. Y tuve que reemplazarlo con otras cosas.

Prender la TV, para el que no tiene cable en Mar del Plata, es entregarse a una programación casi única: Fútbol para todos, Cadena Nacional y Casados con hijos. De eso consta el menú. Eso es todo lo que hay para ver, todos los días, a toda hora, todo el tiempo. Por suerte existe internet.

Igual no me quejo, es lo que elegí. En un año sin pagar el cable ahorré algo así como $ 2.000. Bastante. Hay que bancarse a Araujo, sí, pero también están las tetas de Paola Argento.

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2 comentarios:

  1. Jaaa deci que vivis en mar del plata y no en cualquier ciudad chica del pais que de pedo se ve la tv publica con lluvia

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  2. Amo que acá al costadito tengas un banner de Fibertel...----->

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