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lunes, 19 de marzo de 2012

Juan Herbella apoya #UnMundialparaEnUnaBaldosa

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Día de verano en Buenos Aires, pasadas las 6 de la tarde. Hay mucho calor, sí, pero hay más gente apurada que calor. Todos corriendo de acá para allá, para no perder el subte, para no perder el tren, para no perder el bondi. Apresurados por perderse las últimas horas de sol debajo de un techo. Nosotros somos parte de esa gente y nos damos cuenta. Aunque no tenemos apuro, corremos. No nos queda otra.

Llegamos a la esquina del encuentro, transpirados, mirando la hora como hacen esos que no queremos ser. Cinco segundos más tarde llega el invitado, más transpirado que nosotros, a contramano del mundo. Corriendo, sí, pero al aire libre, vestido de deportista, en bicicleta. ¿Su nombre? Juan Manuel Herbella. ¿Profesión? Médico, director técnico, preparador físico, periodista, escritor y reciente ex futbolista. Se retiró de las canchas en 2011. Y mucho antes de despedirse ya usaba como imagen de fondo en su cuenta en Twitter el homenaje que le habíamos hecho en la sección Amor a la Guita. Ese guiño nos dió la pauta de que nos podíamos llegar a entender muy bien. Y ahora lo estamos confirmando, en una mesa de bar, mientras hablamos de Un Mundial Para En Una Baldosa y vemos por la ventana como la gente sigue buscando la vía más rápida e incómoda para llegar a casa.

Somos de los que creemos que todos los futboleros tienen algo para contar sobre un mundial en particular, así hayan estado en el lugar o lo hayan visto por televisión. Hablamos sobre tu experiencia.

- El único mundial al que fuí es el de Alemania 2006. Hice un recorrido, me alquilé una casa rodante. Pude ver los primeros 3 partidos de Argentina en la fase de grupos (vs. Costa de Marfil, Serbia y Montenegro y Holanda) y aproveché para recorrer, tanto Alemania como los Países Bajos en distintos circuitos. 

La experencia fue fantástica. La verdad que el clima en un mundial es inigualable. Estaba el fan fest, entonces la gente de todos lados del mundo se juntaba en la pantalla gigante a ver los partidos. Es una experiencia que todos deberían tener. La disfruté enormemente porque la hice como hincha, viajé en un motorhome, mezclándome entre el público y creo que si me tocase de nuevo la posibilidad de elegir la manera de hacerlo, lo haría tal cual. La verdad que fue una buena travesía y ojalá que En Una Baldosa tenga la oportunidad también de cubrir el mundial de Brasil, que es lo que todos esperamos.

Herbella va un poco más hacia atrás y recuerda el mundial que más lo marcó, que quizás sea el común denominador de todos los que pisamos los 30 años. El Mundial del '90.

- El más especial fue el de Italia, porque justo me agarró en plena adolescencia. Por eso y por lo que significaba para Argentina llegar a una final contra todas las adversidades. El equipo jugaba horrible, pero te encariñabas con el Goyco, lo veías atajar y todo se volvía más emotivo. El partido de la semifinal contra los italianos debe ser el que más recuerdo de los mundiales, descontando los que viví en vivo y en directo.

¿Y cómo jugador, a pesar de que no tuviste la suerte de jugar en la Selección, soñaste remotamente con estar en una Copa del Mundo? 

No, la verdad que no era mi objetivo ni mi norte llegar a un Mundial. Estaba lejos, también. No quería hacer las cosas que hacía Laspada (risas), que pedía públicamente que lo convocaran. Hice lo que pude y humildemente me conformé con el lugar que me me tocó. 

El Doctor surgió como defensor en Vélez y luego vistió la camiseta de un montón de equipos: Nueva Chicago, Colón, Quilmes, Argentinos Juniors, Barcelona de Ecuador, Godoy Cruz, Gimnasia de Jujuy, Unión Maracaibo de Venezuela y Ferro. Pero a nosotros, en particular, nos interesa su paso por el Internacional de Porto Alegre, donde estuvo en 2004. Jugó poco, es cierto, porque el entrenador que lo había llevado duró nada en el cargo y tuvo que ver la mayoría de los partidos desde afuera, incluso las semifinales de la Copa Sudamericana ante Boca.

Vos jugaste en Brasil, viviste unos meses en ese país. ¿Cómo nos tenemos que mover? 

- Lo esencial es saber tomar cerveja y desfrutar da praia y mulheres (risas). Y sino ustedes lo tienen a @smokeseller, que sabe unas palavrinhas y le puede contar al público cómo se entretienen. Con eso no van a tener problemas

Hablando en serio, fue una gran experiencia. Yo siempre fui muy adepto a Brasil, al fútbol brasileño. La verdad que lo disfruté mucho. Creo que fueron pocos los partidos que jugué pero mucha riqueza me dejó la experiencia.

Esa misma inquietud que lo llevó a jugar en una liga que admiraba por verla en televisión, también llevó a Juan Manuel a incursionar en otros ámbitos, relacionados o no con el ambiente del fútbol. Así como estudió en la UBA se recibió de médico (entre tantos títulos que tiene), también se formó como periodista en DeporTEA y escribió dos libros. El primero, Futboloscopia, viaje al interior de un campeonato, es una radiografía de la temporada 2009/2010 que vivió con Quilmes y que terminó con el ascenso a Primera. El segundo, El último pase, es un relato de sus últimos momentos como jugador. Esos que todavía no ha dejado de vivir, porque el futbolista, como se suele decir, es futbolista para toda la vida. Sólo que en un momento no entra más a la cancha y eso es lo que a uno le cuesta entender. En ese proceso está Herbella.

- Hago distintas cosas. Estoy tratando de asimilar el haberme retirado, que es lo más importante. Después el resto lo voy encontrando en lo que va surgiendo, relacionado con escribir, con la medicina, con el periodismo. Me voy encaminando. Creo que el tránsito del ex jugador, los primeros 6 meses o 1 año, hay que tomárselo con tranquilidad.

El segundo libro tuvo una muy buena repercusión. Traté de volcar en él las sensaciones de un jugador que está llegando al final de su carrera. Por ahí para nosotros es muy difícil explicar lo que sentimos, porque en normalmente nadie se retira ni se jubila a los 33, 34 ó 35 años. Entonces, parte de ese sentimiento traté de dejarlo en el libro, además de muchas anécdotas, como que se te quede un colectivo, que se te inunde un vestuario, o que te pierdas cuando querés llegar a la cancha de otro equipo. Todas cuestiones que pasan y que la gente no las conoce. Son cosas que están más allá de los 90 minutos.

La charla dura más que un partido. O tal vez menos, no lo sabemos. El reloj no nos apura. Apagamos la cámara y seguimos un rato más. Allá afuera todavía queda algo de sol. Todavía quedan rezagados trepándose al estribo del bondi lleno que pasa por la puerta del bar. Acá adentro hay unos tipos hablando de fútbol, lo inmediatamente más lindo que existe después de jugarlo y mirarlo.


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